La importancia de reconocer señales para saber cuándo consultar con un psicólogo infantil

La salud mental, a diferencia de la salud física, es más compleja de atender o manejar dado que no la podemos “ver” realmente. Cuando estamos mal, no siempre observamos signos o síntomas tan evidentes como en el aspecto físico (fiebre, una herida que sangra, un hueso roto), por lo que muchas veces es común no darnos cuenta cuando se manifiestan ciertas señales o nos demoramos más en verlas.

Por lo tanto, es muy importante estar atentos a las señales de alerta, conocer cuáles podrían ser éstas y de qué manera se podrían expresar, especialmente cuando son nuestros hijos e hijas quienes las manifiestan, ya que probablemente para ellos sea aún más difícil reconocerlas y somos los adultos los encargados de poder ofrecerles la ayuda que necesitan.

Es MUY IMPORTANTE saber que consultar oportunamente, mejor es el pronóstico. A veces algo que comienza muy leve puede empeorar con el tiempo si no es identificado y trabajado al debido momento. 

Normalmente son los padres quiénes se dan cuenta de estas señales. En otras ocasiones pueden ser profesores del jardín o colegio, los abuelos, amigos o alguien cercano a la familia. También puede ser algún profesional que acompañe al niño o niña regularmente, quien haya visto, escuchado o interpretado algo que le llamó la atención y sugerir consultar con un psicólogo.

Es muy importante, así mismo, pedir ayuda cuando en el rol de padre o madre no se cuentan con las herramientas, recursos o disposición para enfrentar una dificultad concreta, independiente de la razón. Si nos sentimos sobrepasados, es esencial solicitar apoyo.

Cuándo se puede reconocer una de estas señales

Hay que considerar que estas características o señales de las que hablamos y que se describirán a continuación, 

  • Puede ser que existan de antes, pero se han intensificado en el último tiempo.
  • No existían y aparecieron de repente (puede ser provocadas por algún hecho o situación en particular evidente, por ejemplo, la pandemia, un trauma, un cambio, etc., o sin razón aparente).
  • Se dan constantemente. Esto puede ser de manera aleatoria, en cualquier lugar o momento, sin ningún patrón o estímulo evidente o bien, frente a un escenario o contexto en específico, por ejemplo, en la casa, en el colegio, taller, casa de alguien o en algún momento del día en particular, por ejemplo, a la hora de comer, al ir a dormir, antes de llegar al colegio, etc.
  • Interfieren con su día a día, con su concentración o motivación para hacer las cosas, afecta sus relaciones con otros (amigos/as, familia, etc.) o sus actividades. Afectan su calidad de vida y su felicidad.

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 Señales de alerta para tener en cuenta en un niño, niña o adolescente

  • Dificultad en el reconocimiento, manejo o control emocional. Esto puede reflejarse en respuestas o conductas inapropiadas al contexto, reacciones poco adecuadas en una interacción, falta de empatía, bajo o nulo interés o preocupación por el bienestar del otro, bloqueo emocional, etc.
  • Irritabilidad excesiva, llanto fácil y con angustia, reactividad desproporcionada (una respuesta más intensa al estímulo que la provoca), pataletas desmesuradas, etc.
  • Comportamiento disruptivo, impulsivo, desafiante y/o agresivo, ya sea con adultos, pares o ambos. 
  • Inquietud motora extrema que provoca accidentes a sí mismo/a o a otros, o existe el riesgo de que se produzcan.
  • Dificultad para relacionarse con pares, tanto conocidos (compañeros de colegio) o desconocidos (niños/as de su edad en el parque, un cumpleaños, etc), integrarse en grupos, iniciar/mantener conversaciones. Todo esto puede deberse o relacionarse con una timidez extrema o un comportamiento que tiende al ensimismamiento o aislamiento. 
  • Dificultad importante para separarse de la mamá, papá o algún miembro de la familia o persona significativa. Esto puede ir acompañado de llanto excesivo, constante temor de que algo malo vaya a pasar, etc.
  • Alteración del sueño (dificultad para conciliar, para mantenerse dormido, para despertar), pesadillas recurrentes o terrores nocturnos.
  • Disminución o aumento importante de apetito, de la cantidad de comida ingerida, o del/a peso del niño/a. 
  • Regresiones en la conducta, es decir, retroceso en algún hito ya adquirido o en volver a comportamientos de cuando era más pequeño/a (hacerse pipí, hablar como guagua, dejar de caminar o hablar, etc). 
  • Reactividad negativa o evitación de situaciones cotidianas (hora de comida, colegio, etc). Disminución evidente de interés en actividades o situaciones que antes le gustaban. Aplanamiento emocional.
  • Presencia de ansiedad o conductas ansiosas, algún tic o estereotipia que se dan generalmente en presencia de situaciones estresantes, incómodas o de miedo. Por ejemplo, refregarse las manos constantemente, sudoración significativa, morderse excesivamente el interior de la boca, las uñas, el pelo, golpearse la cabeza, rascarse hasta dejar una marca, etc. A veces esta ansiedad puede desencadenar en angustia o crisis de pánico.
  • Comentarios negativos recurrentes o de rechazo hacia sí mismo/a que reflejan una baja autoestima o autopercepción, ya sea en relación a algún aspecto físico o de la personalidad.
  • Expresiones, comentarios o indicios de querer dañar a otros, a sí mismo/a, o incluso querer morir. Presencia de autolesiones o autoagresiones.
  • Dificultad importante para seguir instrucciones, organizarse y planificar. Problemas para focalizar o mantener la atención en una actividad, conversación, tarea, etc. (Esto para mayores de 7 años)
  • Luego de algún evento traumático o alguna situación muy estresante, como la muerte de alguien cercano, la separación de los padres en malos términos, cambio de colegio, de ciudad/país, experiencias de bullying, etc.

 Hay diferentes señales que nos podrían indicar que algo está pasando y estas van a depender de la edad, la situación familiar, la personalidad del/a niño/a, etc. Así, es muy importante considerar también la etapa del desarrollo en la que se encuentran, ya que hay ciertas habilidades o conductas que están en proceso de desarrollarse y, por lo tanto, es esperable que se presenten ciertas dificultades en su adaptación. 

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No te preocupes, te podemos ayudar

Si necesitas aclarar alguna situación o tienes dudas, siempre es importante preguntar y puede ser muy útil que una persona externa evalúe la situación. Es crucial descubrir qué está pasando, ponerle nombre a las manifestaciones, llegar a un diagnóstico, tratar la sintomatología y, sobre todo, entender la causa, para así poder trabajarla de forma oportuna y adecuada.

Ps. Francisca Fernández

Ps. Francisca Fernández

Psicóloga

Estudié psicología en la Universidad Diego Portales, realicé un diplomado en Neuropsicología Infantil de la Universidad Católica y un magíster en Neuropsicología Clínica en la Universidad Pablo de Olavide en Sevilla. Tengo experiencia en el área educacional y en sicología infantil.

 

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